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(Contiene Spoilers)

‘¡Esperen un minuto: aún no han oído nada!’. Así decía Al Jonson en ‘El cantante de jazz’ (Alan Crosland, 1927), en una frase que dio lugar a la primera línea de diálogo del Cine para la que está considerada como la primera película sonora de su Historia, aunque el invento del sonido se venía ya intentando durante años. Hay de hecho otras películas, como el corto que protagonizó cuatro años antes la española Concha Piquer, en el que ya se apreciaban atisbos totalmente sonoros. En los años anteriores el cine mudo de Hollywood ya había creado su ‘Star System’, sistema a través del cual hacía publicidad de sus films gracias a la popularidad de sus actores y actrices: sus estrellas. Fue la época de Mary Pickford, Lilian Gish, John Barrymore, Mae West, Rodolfo Valentino… el esplendor, la gloria y el esfuerzo de los primeros cineastas. Con la citada película de Crosland llegó el sonido, el cambio y esta evolución se llevó por delante a muchas de aquellas personalidades de las películas silentes cuyas voces no se adaptaban en la mayoría de ocasiones a la imagen pública que ya tenían establecida.

George Valentin (Jean Dujardin) y su cómico perro nos llevan en ‘The Artist’ (Michel Hazanavicius, 2011) a un viaje apasionado por esta transición del cine mudo al sonoro dividida en la película en dos etapas claramente diferenciadas: en la primera el personaje tiene los aires cómicos del mítico Charles Chaplin o de Buster Keaton, la heroicidad de Douglas Fairbanks en ‘La marca del zorro’ (Fred Niblo, 1920) o en ‘El pirata negro’ (Albert Paker, 1926) y se inspira en los gráciles movimientos del claqué de Fred Astaire. En esta primera etapa se produce el encuentro entre el protagonista y una desconocida admiradora que ayudada por él llegará a ser Peppy Miller, una de las estrellas más brillantes del firmamento de ‘Hollywoodland’ en la segunda mitad de la cinta. En esta otra etapa el viaje se detiene en el declive de un George Valentin que se niega a aceptar la llegada del sonido al cine, convirtiéndose en un John Gilbert que ve cómo su imagen de galán se viene al traste de la noche a la mañana y cómo su propia Greta Garbo se convierte en una de las actrices más queridas por el gran público gracias a su hasta entonces desconocida voz. Si bien es cierto que la Garbo era ya una estrella al final del cine mudo y no puede compararse al personaje de Miller, George Valentin sufre el rechazo de la industria como le ocurriera en su día a Gilbert y termina siendo la sombra moderada de la gran Gloria Swanson en ‘El crepúsculo de los Dioses’ (Billy Wilder, 1950) y de su añoranza enfermiza.

Hay una escena en el film que retrata de una manera subjetivamente perfecta el fracaso del personaje principal: en un sueño el actor está dentro de su propia película sentado frente a un espejo bebiendo en un vaso de cristal que al soltar sobre la mesa… ¡suena! Valentin se sorprende, se altera, está escuchando voces, ruidos desconocidos hasta entonces en sus películas, en su mundo pero algo falla… su voz se resiste a salir de la garganta. Así debieron sentirse aquellos actores y actrices que no consiguieron superar la comentada transición cinematográfica, asistiendo al cambio, escuchando los nuevos sonidos en las salas de cine pero sin poder ya decir una sola palabra delante de las cámaras.

Jean Dujardin, ganador del premio al Mejor Actor en el pasado Festival de Cannes por este trabajo luce perfecto el traje de Valentin desde los primeros minutos de la película en los que el personaje, en pleno apogeo, recibe aplausos de un más que entregado público. Desde estos momentos se aprecia ya la perfección que sedujo al jurado de Cannes: la de un Dujardin crecido que llena la pantalla ayudado por su digna partenaire Bérénice Bejo, que encarna la elegancia del Hollywood más querido y mitificado.

‘The Artist’, producción francesa, acumula ya nominaciones, las últimas las de los Spirit Independet Awards 2012 y premios, como el del Público en el Festival de San Sebastián y parece estar llamada a ser esa película que llega por casualidad, crea expectación y se va colando hasta llegar al final del camino: los Oscar.

Es imposible saber hasta dónde llegará Hazanavicius pero mientras tanto las salas de cine se disfrazan con un rejuvenecido glamour para acoger a su artista, creado con tintes y reminiscencias a una época pasada. Esperen un minuto, aún no han oído nada, aún no han visto nada, abran bien los ojos y los oídos… esto es cine.