Etiquetas

, , , , ,

Dice Marcos Ordóñez en ‘Beberse la vida’ (Aguilar, 2004) que el 26 de marzo de 1950, Ava Gardner salió de Nueva York rumbo a España, reforzando así su idilio con un país que le ayudaría a olvidar las falsedades del Hollywood de la época y al que tenía especial cariño por los recuerdos del rodaje de ‘Pandora y el holandés errante’ (Albert Lewin, 1950). También es cierto que otros motivos como la promulgación de una ley por parte de las autoridades norteamericanas por la que los actores que permanecieran más de un año fuera del país se librarían del pago de varios impuestos hicieron fuerza para que Ava regresara.

Todo empezó, como digo, con la actriz convertida en Pandora, la mujer a la que el abatido holandés errante (James Mason) busca desesperado por los mares y océanos… hasta que consigue encontrarla en las costas catalanas, concretamente en Tossa de Mar, donde aún hoy se cuentan leyendas de la vida diurna y nocturna de Ava Gardner, que tenía entonces 29 años, durante el rodaje. Leyenda demostrada con la estatua que el pueblo catalán colocó en su honor en la localidad y que todavía visitan turistas y cinéfilos. La diva se enamoró de las fiestas y costumbres de un país que no estaba acostumbrado a diosas hollywoodienses a distancias cortas y que le haría volver a sentir la libertad que le estaba robando su matrimonio con Frank Sinatra, loco de unos celos cada día más enfermizos y, en ocasiones, justificados.

Dos años más tarde, después del estreno en Nueva York de ‘La condesa descalza’ (Joseph L. Mankiewicz), una de los mejores trabajos de la actriz, Ava y Sinatra se divorciaron y la actriz decidió huir del país en busca de aquella libertad española y, dicen, de algún torero que conoció durante el rodaje en Roma de la película de Mankiewicz. Fue así como Ava Gardner llegó a Madrid.

Ava Gardner, musa en Madrid

La primera casa que la actriz compró en la capital de España fue el chalé ‘La Bruja’ en la urbanización La Moraleja por 66.000 dólares. La propia Ava contaba que su nombre se debía a la veleta en forma de bruja que la casa tenía en el tejado. Después alquiló un apartamento en la calle de Oquendo y finalmente se mudó al dúplex del número 11 de la Avenida del Doctor Arce, cerca de Nuevos Ministerios, que se haría famoso por las fiestas que la actriz celebraría con lo más florido de la sociedad de la época, incluyendo toreros, cantaores, bailaores y actores. Quiso la casualidad que fuera su vecino el ex presidente de Argentina, Juan Domingo Perón, que se encontraba exiliado en España y que llegó a denunciar a Ava por sus ruidosas reuniones nocturnas.

Ava Gardner y Lola Flores

Pero todas sus fiestas no eran ni mucho menos caseras. Con Ava Gardner comenzó el mito de la noche madrileña. Uno de sus amigos en Madrid, Jorge Fiestas, periodista y crítico contó que el 31 de diciembre de 1965 inauguró Oliver (C/ Almirante, 12), un pub cuyo socio era Adolfo Marsillach. Al cabo de un par de horas la Gardner hizo su aparición, comentando que su presencia no le vendría mal al negocio. Se quedó hasta las ocho de la mañana y como ella suponía, no cabía un alfiler. En Madrid también conoció a Hemingway

En un artículo para el periódico El País en 1991 (ELSA FERNÁNDEZ SANTOS, – Madrid – 25/01/1991)  con motivo del aniversario de la muerte de la diva Antonio Romero, jefe de barra por entonces del Museo Chicote (C/ Gran Vía, 12), uno de los lugares preferidos de la actriz, contaba que en sus años de botones Ava Gardner visitaba a menudo el local. Muy amiga del propio Chicote, la actriz siempre era invitada a todo lo que consumía: tequila, jerez, bourbon o los cócteles Old Fashion y Manhattan. Decía Romero que bebía bastante, pero que nunca perdió la compostura. También era asidua a Riscal (hoy Archy) (C/ Marqués de Riscal, 11) o la Cervecería Alemana de la Plaza de Santa Ana, 6 que hoy día sigue intacta y a tablaos como el Corral de la Morería (C/ Morería, 17), donde llegó a protagonizar alguna escena de celos con bofetada incluida con Frank Sinatra, el Villa Rosa (Plaza de Santa Ana, 15) propiedad en aquellos años de Lola Flores y El Pescaílla o El Duende (actual Los Gitanillos en la calle Claudio Coello, 48)… y es que Ava hizo de Madrid un lugar soñado donde hacer y deshacer a su antojo, donde vivía como deseaba.

Ava Gardner visitó otras ciudades, vivió tardes de toros en plazas de toros como la de Toledo y disfrutó de la alegría de la Feria de Abril de Sevilla, pero sería la capital española la que alimentaría su leyenda, la del ‘animal más bello del mundo’. Tanto es así que podría hacerse una ruta turística en la ciudad pasando por todos los sitios a los que solía acudir.

Ava Gardner en Sevilla

La estela que dejó en Madrid y sus gentes ha sido recogida en multitud de ocasiones, como en el libro ‘Beberse la vida’ de Marcos Ordóñez, con el que empezaba este comentario. Sobre él se ha basado el director Isaki Lacuesta (ganador de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián 2011 con ‘Los Pasos Dobles’) para crear la película documental ‘La noche que no acaba’.

'La noche que no acaba' de Isaki Lacuesta

Encargada por el canal TCM y coguionizada por Isa Campos la película es, en palabras del director, ‘un diálogo entre la Ava mayor y la Ava joven’ con las voces entrecruzadas de las actrices Charo López y Ariadna Gil en representación de cada faceta de la actriz. El título del documental proviene de un poema que Robert Graves dedicó a la Gardner, ”All the night lona’, que escribió después de haber tenido a Ava durmiendo en su casa y que dice: ‘no dormir en toda la noche es algo que se otorga a pocos, pero al fin a mí’.

La película empieza con una voz en off diciendo: “Esta película cuenta lo que sucedió entre un primer plano de Pandora y un primer plano de Harem, el primero y el último que Ava rodó en España”. Un país al que adoró, porque, según dijo en una ocasión, “tenía los mismos defectos que ella”.

‘La noche que no acaba”, presentada también en el Festival de San Sebastián 2011, se puede ver estos días en el canal TCM.

Ava Gardner se hizo dueña de España, se bebió las calles de Madrid y llenó de color algunos años grises de la dictadura franquista con sus salidas y entradas, sus rumores y sus leyendas. Aún somos muchos los que hoy en día, casi cuarenta años después, alzaremos la cabeza al pasear por la Calle Doctor Arce por si, como si en un sueño de Woody Allen se tratase, a medianoche en Madrid Ava Gardner nos invitara a una de sus fiestas.

http://www.canaltcm.com/lanochequenoacaba/